martes, 14 de mayo de 2013
¿QUÉ COMEMOS?
Os dejo el siguiente vídeo que fue emitido por el programa de la sexta "Salvados" y que está relacionado con los alimentos. Su título es "¿Qué Comemos?".
lunes, 6 de mayo de 2013
FORMAS SEGURAS DE EVITAR EL DESPILFARRO DE ALIMENTOS.
La organización y la planificación son las tareas más difíciles de llevar a cabo pero las que nos pueden ayudar más a ahorrar y evitar el desperdicio de alimentos
· Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
· Fecha de publicación: 6 de mayo de 2013
- Imagen: Yuya Tamai -Al año se desecha una enorme cantidad de toneladas de alimentos, según informa la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria (ACSA). Por este motivo, los expertos consideran oportuno revisar de qué manera se tiran a la basura tales cantidades de alimentos que podrían consumirse sin problema. A raíz de esta problemática, la Comisión Europea pretende concienciar a la población para evitar el desperdicio de alimentos y así fomentar la sostenibilidad ambiental de la cadena alimentaria. Más de la mitad del malbaratamiento de los alimentos se da en los hogares. En la mayoría de los casos esto pasa por una falta de información, por malas costumbres y una mala organización. En este artículo se pretenden dar a conocer algunos consejos para organizar y planificar mejor el sistema de compra y la distribución y conservación de los alimentos en casa.
El primer paso para evitar esta pérdida de alimentos sanos y seguros es aprender a conocer y comprender las etiquetas de los alimentos, sobre todo el significado de consumo preferente y fecha de caducidad, ya que en muchos casos se dan por caducados alimentos que podrían consumirse sin problemas. Ante todo, se deben respetar las condiciones de conservación que marcan las etiquetas y seguir las instrucciones de uso. La fecha de caducidad viene marcada por el día a partir del cual se informa que el alimento ya no es seguro para el consumo humano y, por lo tanto, debe evitarse su consumo. Por el contrario, la fecha de consumo preferente informa que a partir de la fecha en cuestión, el alimento puede haber perdido algunas de sus cualidades esperadas pero en ningún caso su consumo supone un riesgo. Siempre y cuando los alimentos hayan estado conservados según marca la etiqueta, si se ha sobrepasado la fecha de consumo preferente, podrá consumirse.
Organización y planificación, las claves
Debe comprarse solo aquello que en principio se vaya a consumir y una buena manera de hacerlo es comprar alimentos de temporada
Aunque parece simple, la organización y la planificación son quizás las tareas más difíciles de llevar a cabo y la que nos pueden ayudar más a ahorrar y evitar desechar alimentos. Ante todo, deben planificarse los menús, saber qué se va a consumir antes de comprarlo, las personas que van a comer y tener en cuenta la cantidad de alimentos que pueden estar almacenados ya en el frigorífico de casa, en el congelador o en la despensa.
Debe comprarse solo aquello que en principio se vaya a consumir y, una buena manera de hacerlo, es comprar alimentos de temporada. Debe organizarse la despensa de manera que los alimentos que caduquen antes queden al frente y colocar los nuevos detrás con el fin de evitar que los alimentos caduquen antes de tener tiempo de consumirlos.
Es importante saber aprovechar los restos de las comidas, bien para llevarse al trabajo al día siguiente, para comer en casa pasados dos días o para congelar. También es una buena opción utilizar los alimentos que no se han consumido para elaborar nuevos platos, por ejemplo cremas con verduras, croquetas, ensaladas variadas, sopas o purés. Incluso con la fruta más madura pueden elaborarse pasteles, batidos o mermeladas. Aunque la mejor manera de evitar que sobre comida es racionalizar la cantidad, servirse el que se sabe que se consumirá, un consumo justo y sin excesos, ya no solo para evitar que sobren alimentos sino también para consumir lo que el cuerpo necesita, sin excederse.
Temperatura y conservación
El tándem temperatura y conservación de los alimentos resulta clave para mantenerlos seguros y evitar un deterioro antes de consumirlos. Mantener los alimentos crudos en el frigorífico es indispensable, carne, pescado, huevos, verduras, hortalizas, precisan de bajas temperaturas. Los alimentos deben estar almacenados entre un 1ºC y 4ºC en el interior del frigorífico. Debe asegurarse el correcto funcionamiento del frigorífico, comprobar que las puertas cierran de forma adecuada y controlar la temperatura interna.
En verano, debido al calor, se puede bajar la temperatura interna ya que al abrir el frigorífico, la temperatura exterior es elevada y hace subir la temperatura del interior. En cuanto a la conservación, deben seguirse al pie de la letra las indicaciones de los envases y de las etiquetas. Es importante saber qué alimentos deben mantenerse en el frigorífico, cuáles no, cuáles no necesitan luz o los que deben resguardarse de la humedad. Cada producto es diferente, se debe leer con atención las instrucciones de uso de cada uno.
AHORRAR Y NO DESECHAR
Desechar alimentos es, al fin y al cabo, una pérdida de dinero. Lo que se ha gastado al comprar los alimentos no ha servido para nada. Deben adquirirse los que realmente se vayan a consumir, ya sea de inmediato o a largo plazo pudiendo mantener los alimentos en el congelador hasta su consumo.
domingo, 5 de mayo de 2013
DESCONFIANZA E INSEGURIDAD ENTRE ALÉRGICOS E INTOLERANTES ALIMENTARIOS.
Uno de cada cuatro piensa que los productos no se etiquetan adecuadamente y
más de la mitad cree que los establecimientos hosteleros no toman las
precauciones necesarias
De hecho, hoy en día, se reconoce que las
alergias e intolerancias alimentarias son un tema fundamental en la seguridad e
industria alimentaria. De ahí que EROSKI CONSUMER haya querido conocer cuáles
son las dificultades que encuentra este colectivo en su rutina diaria a la hora
de hacer la compra y cuando salen a comer fuera de casa. Para ello, la revista
entrevistó entre finales de marzo y primeros de abril a más de 1.100 personas
que sufrían una o ambas dolencias o que tenían a su cargo a familiares que las
padecían. Todos ellos procedían de 17 comunidades autónomas: Andalucía, Aragón,
Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla y León, Castilla La Mancha, Cataluña, Comunidad
de Madrid, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Islas Baleares, La
Rioja, Murcia, Navarra y País Vasco. Un 88% de ellos sufría alguna alergia o
intolerancia alimentaria (o las dos), mientras que el resto tenía alguna
persona a su cargo con alguna de estas dos dolencias.
Retrato de una dolencia
Tres de cada cuatro personas entrevistadas
eran mujeres y tenían una edad media de 36 años. Por grupos de edad, la mayor
proporción de encuestados tenía entre entre 40 y 49 años (un 27%), 30 y 39 años
(un 25%), y 50 años o más (un 20%). Solo un 11% eran menores de 10 años, un 5%
tenía entre 10 y 19 años y otro 12% de 20 a 29 años. La mitad de los
encuestados eran intolerantes a algún alimento (aluden especialmente a la
lactosa, al gluten o a la fructosa), el 31% eran alérgicos (generalmente
mencionan la leche y sus derivados, los frutos secos, las frutas o el huevo) y
el resto compartían las dos enfermedades.
Se comprobó que las alergias e
intolerancias afectan de distinta forma según la edad. Un 68% de los menores de
10 años se declaraban alérgicos, al igual que el 47% de los entrevistados con
edades comprendidas entre los 10 y los 19 años. Esta proporción disminuye con
la edad, a diferencia de las intolerancias que aumentan: un 62% de las personas
encuestadas de 20 a 29 años eran intolerantes a algún alimento, así como más de
la mitad de los mayores de 30 años entrevistados.
Desconfianza e inseguridad
En la encuesta queda clara la desconfianza
e inseguridad de los participantes a la hora de comprar y salir a comer fuera
de casa.
En primer lugar, uno de cada cinco
entrevistados siente que habitualmente no puede hacer la compra con total
seguridad en cualquier establecimiento y un 37% solo a veces. Es más, uno de
cada cuatro piensa que los productos nunca se etiquetan de manera adecuada.
Comprar resulta tedioso y difícil y reclaman una información lo más detallada y
legible posible.
Asimismo, para tres de cada cinco
encuestados salir a comer fuera supone un riesgo para su salud. Y es que al
pedir el menú más de la mitad de los encuestados opina que en hostelería nunca
se toman las precauciones necesarias: avisar sobre la posible presencia de
alérgenos en los platos, detallar al máximo los ingredientes en sus cartas y
menús, evitar la contaminación cruzada en el almacenamiento y manipulación de
los productos, y disponer de útiles de trabajo exclusivos para los menús
infantiles. De ahí que exijan más formación en el ámbito de la hostelería en
materia de alergias e intolerancias alimentarias.
Buenas prácticas
- En la
compra...
- Leer la
etiqueta, teniendo cerca el listado de alimentos a los que se es alérgico
o intolerante.
- Ante
la duda, evitar la compra de ese producto.
- Si es
celíaco, buscar aquellos alimentos en cuya etiqueta figure la leyenda
"sin gluten" o "apto para celíacos".
- Durante
el cocinado y la manipulación de alimentos...
- Cocinar
primero la comida del alérgico/intolerante para evitar contaminaciones
cruzadas.
- Manipular
cuidadosamente los utensilios y mejor si son exclusivos para el alérgico
o intolerante.
- No
usar aceite utilizado para freír otros alimentos que puedan contener el
alimento o ingrediente al que se es alérgico o intolerante.
- Higienizar
todas las superficies de trabajo.
- Almacenamiento
hermético de los alimentos especiales en la nevera y en los armarios.
- Fuera
del hogar...
- Eliminar
totalmente el alimento de la dieta, tanto el alimento en sí como los
distintos productos que lo puedan llevar como ingrediente.
- No
tomar el alimento si no se conoce con certeza si incluye el alérgeno o
ingrediente que provoca la intolerancia.
- Cuidado
con alimentos elaborados (masas, bechamel, caldos para sopas y sopas, pan
rallado, etc.) que pueden contener el que produce alergias e
intolerancias.
sábado, 4 de mayo de 2013
LA CERVEZA, MEJOR CON QUESO
Hay cientos de tipos
de queso y de cerveza: las combinaciones son casi infinitas
LUCÍA TABOADA 19-04-2013
En España un 80% de las cervezas se toma
con tapa. Pero lo que no muchos saben es que la reina estival por excelencia forma un armónico
matrimonio con el queso, debido a la gran capacidad de esta
bebida para limpiar el paladar.
"Para cervezas ligeras y frescas el acompañante
ideal es un queso joven de vaca con textura blanca o semi blanda".- (CORTESÍA DE
'CERVECEROS DE ESPAÑA')
Los antiguos bodegueros ofrecían queso como tapa ante un vino mediocre y
engañar así el paladar ajeno. De esa costumbre castiza nació la expresión
"que no te la den con queso". No solo para ocultar imperfecciones, en
general la combinación de vino y queso se ha extendido a lo largo de los
siglos. Pero poco a poco la cerveza ha ido desplazando al vino como compañero
ideal. "En España nos falta ese punto especializado a la
hora de pedir cerveza", asegura el sumiller Juan Muñoz. La combinación de
cerveza y queso es común en otros países. En Alemania incluso hay un queso con
sabor a cerveza, el Weisslacker.
Cómo lograr el maridaje perfecto
Empezando por la cerveza, lo primero es conseguir un recipiente idóneo.
Cuanto más fino sea el cristal del vaso, mejor. La antítesis de una
buena presentación es el vaso de tubo. Por supuesto la cerveza
tiene que tener espuma, donde se concentra el sabor y aroma. Para lograrla hay
que situar la copa o vaso con una inclinación de 45 grados. Respecto a la
temperatura, lo idea son unos 5-10 grados, dependiendo del cuerpo de la
cerveza. Y sobre si hay que moverla o no, el reconocido sumiller tiene claro:
"La cerveza hay que moverla sin miedo en la copa, al igual que lo vinos,
para percibir mejor los aromas".
Ahora que ya tenemos la cerveza perfecta llega el momento de maridarla con
queso. Lo imprescindible en este paso es conseguir su armonía: evitar que un
sabor domine al otro. Los expertos aseguran que los mejores quesos para
acompañar la cerveza son los de vaca aunque el manchego curado de
oveja también ofrece sabrosas combinaciones.
Así, para cervezas ligeras y frescas el
acompañante ideal es un queso joven de vaca con textura blanca o semi blanda. A
medida que el queso gana maduración y sabor, se requiere una cerveza al
unísono, con mayor grado, cuerpo y aroma. Si el queso es pastoso la pareja
ideal es una cerveza aromática. Algunas de las posibles combinaciones van desde
queso de Tronchón con larger especial a queso de Abadía con lager negra. Las
alternativas son casi interminables. Así que lo importante, como dice Juan
Muñoz, es "no cerrarse a nada y probar".
lunes, 22 de abril de 2013
CIENCIA, PUBLICIDAD Y ALIMENTOS FUNCIONALES: EL TIMO DE LA ESTAMPITA
http://www.youtube.com/watch?v=SP7O4yF_txg
jueves, 11 de abril de 2013
YOGURES SIN FECHA DE CADUCIDAD
Una modificación legislativa permite que los yogures que se elaboran en nuestro país muestren solo la fecha de consumo recomendado en sus envases
· Autor: Por EROSKI CONSUMER
- Imagen: Sarah Korf -Los yogures que se elaboran y comercializan en España ya no tienen fecha de caducidad, sino fecha de consumo preferente. Este cambio de normativa, publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el pasado 29 de marzo, intenta equiparar la legislación de nuestro país a la del resto de Europa, donde solo se señala un plazo de consumo recomendado para este producto en lugar de una fecha de vencimiento. El objetivo final de la medida es reducir el despilfarro de alimentos en buen estado que, solo en España, ronda los ocho millones de toneladas anuales de comida que va a parar a la basura. El siguiente artículo explica cuál es la diferencia entre una fecha de vencimiento y una de consumo preferente, cuáles son las propiedades del yogur y qué características pueden verse alteradas tras ese periodo de consumo recomendado.
Diferencias entre fecha de vencimiento y fecha de consumo preferente
España es el sexto país de Europa con mayor despilfarro de alimentos. En promedio, cada hogar tira al año unos 76 kilos de comida a la basura. Esta realidad -que se podría revertir con una mejor educación nutricional- es la que intenta afrontar el Gobierno con la nueva normativa que regula el consumo de yogures y que se enmarca en la iniciativa 'Más alimento, menos desperdicio'. Así, hasta la semana pasada, este alimento tenía fecha de caducidad: 28 días a partir de la fecha de envasado. Ahora, en cambio, la etiqueta solo ofrecerá una fecha de consumo preferente. La diferencia entre una y otra puede resumirse de la siguiente manera:
- La fecha de caducidad indica en qué momento el producto deja de ser seguro para el consumo alimentario.
- La fecha de consumo preferente señala en qué momento el productor deja de garantizar que las cualidades organolépticas (olor, sabor, textura) estén intactas, sin que ello suponga un riesgo para la salud.
Distinguir entre ambas cosas es muy importante para evitar intoxicaciones (en caso de consumir un alimento caducado) o desperdicios innecesarios (en caso de tirar un alimento que aún se puede consumir). Ahora bien, ¿el hecho de que el nuevo etiquetado de los yogures solo indique la fecha de consumo preferente significa que este producto no caducará jamás? ¿Cuál es el plazo para tomar un yogur sin riesgos? La respuesta a esta pregunta no es precisa. Los fabricantes de yogures hablan de 35 días, aunque señalan que la correcta conservación del producto -siempre en nevera, entre 1ºC y 8ºC-es fundamental para mantener su vida útil.
En cualquier caso, la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil) se ha manifestado en contra de la nueva normativa porque considera que "confunde" al consumidor. El colectivo pide que se mantenga la fecha de caducidad en el envase, ampliándola si acaso de los 28 días que tenía hasta los 35. No obstante, según el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, es tarea de cada fabricante debe evaluar el tiempo razonable en que se puede consumir este producto. "Los operadores tienen ahora todas las herramientas en la mano para delimitar las fechas de consumo preferente o de caducidad, según corresponda, de sus productos", señaló.
Al respecto, el catedrático emérito de Ingeniería Química de la Universidad de Barcelona, Claudi Mans Teixidó, explica en un reciente artículo que la duración del yogur apto para el consumo dependerá de la concentración inicial de bacterias con las que se hace y de las condiciones de conservación. Cuanto mayor sea la temperatura, menos tardará en reducirse la concentración de microorganismos y en comenzar la degradación física del yogur. Dado que la responsabilidad última la tiene el consumidor, Teixidó aconseja usar "los cinco sentidos a la hora de juzgar fechas de caducidad".
Propiedades del yogur: ¿cuáles son y cuáles cambian?
El yogur es un producto alimenticio de consistencia semisólida que procede de la leche -en general, de vaca-, que se somete a un proceso de fermentación. Por eso también se lo denomina "leche fermentada o acidificada". Es rico en proteínas de alto valor biológico, calcio de fácil asimilación, vitaminas del grupo B (sobre todo B2) y vitaminas liposolubles A y D. Sus cualidades nutricionales -incluidas las calorías- pueden variar según los ingredientes que se le añaden -frutas, cereales, etc-, o el tipo de leche (entera o desnatada) con el que se elaboran. Para comprobarlo, basta comparar las etiquetas de las distintas (y cada vez más numerosas) opciones que se ofrecen al consumidor. En la actualidad, hay yogures para todos los gustos.
Para elaborar el yogur, se añade a la leche pasteurizada y homogeneizada ciertas bacterias o microorganismos (sobre todo, Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus). Estas bacterias, cuando se encuentran a una temperatura de unos 40-45ºC, transforman algunos componentes nutritivos de la leche:
- La lactosa (azúcar propio de la leche) pasa a ser ácido láctico, lo que produce una acidificación y hace que las proteínas de la leche coagulen.
- Las grasas y proteínas sufren una predigestión, transformándose en sustancias más sencillas y digeribles por parte de nuestro organismo.
Gracias a la fermentación producida por las bacterias acidolácticas, los nutrientes del yogur se asimilan y aprovechan mejor que los de la leche. Por esta razón, la mayor parte de quienes padecen intolerancia a la lactosa pueden incluirlo en su alimentación cotidiana, ya que la presencia de lactosa es mínima dada su transformación en ácido láctico. Por otro lado, diversos estudios científicos señalan que las bacterias vivas de este producto contribuyen a equilibrar la flora bacteriana de nuestro intestino y a potenciar nuestro sistema de defensas contra infecciones y otras enfermedades. El yogur es, por tanto, un alimento probiótico.
Los procesos de fermentación, además de hacer que el yogur sea un producto más digerible que la leche líquida, determinan su sabor, aroma y consistencia final. Es decir, sus propiedades organolépticas. Y estas son las propiedades que pueden verse alteradas una vez que se pasa la fecha de consumo preferente. De este modo, a partir de ese momento, la textura o el gusto de un yogur pueden variar con respecto otro igual recién envasado (saber más ácido o ser menos cremoso), aunque se puede consumir sin que ello suponga un resigo para la salud.
jueves, 4 de abril de 2013
ACLARANDO CONCEPTOS
Alimentario o alimenticio, ¿significan lo mismo?
Por José Antonio Barrionuevo, alumno de 2º curso del
CFGS de Procesos y Calidad en la Industria Alimentaria y
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla.
El término sinónimo hace referencia a aquellos vocablos o expresiones lingüísticas que tienen una misma o muy parecida significación. Es el caso de las palabras, a modo de ejemplo, compañero y amigo. De hecho, sinónimo es, podríamos así decirlo, sinónimo a su vez de palabras como igual, semejante, analógico, equivalente, paralelo, parecido, homólogo y algunas más, si bien en ciertos casos las fronteras entre unas y otras son o muy finas o, por el contrario, muy densas.
Pero, ¿a qué viene que en un blog relacionado con la industria de la alimentación, de sus procesos y de su calidad, hablemos de términos lingüísticos? Permitidme que me tome esta licencia y que mi vena de filólogo se asome a este artículo ya que el objeto de este no es otro que dejar meridianamente claro que los vocablos alimentario y alimenticio, que son usados frecuentemente como voces sinónimas, no son tales, y que sus significados difieren lo suficiente para que no puedan ser empleados de forma análoga o indistinta.
Pero en primer lugar, definamos qué es un alimento. Según nos lo aclara el Código Alimentario Español (en sus siglas habituales, C.A.E.), norma española que tiene por finalidad concretar y definir todo aquello que deba ser entendido como alimentos, entre otros conceptos, estos quedan reservados a todas aquellas sustancias o productos, sean de la naturaleza que sean, ya sólidos, ya líquidos, naturales o transformados, que poseen unas determinadas características, unas concretas aplicaciones, ciertos componentes, formas de preparación y estado de conservación, que los hagan susceptibles de ser habitualmente, y de una manera idónea, usados para la normal nutrición del ser humano, bien como productos fruitivos (es decir, placenteros o gozosos), bien como productos dietéticos, formando parte de la dieta de alimentación humana. En esta ambivalencia pudiera estar la génesis de la extraña confusión de que el término alimento sirva para referirse tanto a la carne o al pescado, incluyendo sus numerosos derivados, como al agua, a la goma de mascar o, incluso, al tabaco, considerando a este último, aunque nos pueda parecer extraño, como un “alimento estimulante” (capítulo XXV, sección octava, del C.A.E., dedicado a los alimentos estimulantes y derivados, junto a otros productos como café, té o cacao; pero ¡ojo!, que esto no quita que fumarlo sea perjudicial para la salud, que algunos han visto durante un momento el cielo abierto).
Dentro del amplísimo campo semántico del concepto alimento (de nuevo me sale la vena filológica) podemos englobar términos, estos sí sinónimos, como comida, comestible, manjar, sustento, vianda, colación, refrigerio, bocado, piscolabis, condumio, tentempié, pitanza, plato, puchero, ración, manduca, incluyendo el término bíblico maná. Tal es la riqueza léxica de nuestro idioma que con tan extensa gama de voces no nos debiera parecer anormal que para el concepto alimento utilicemos como sinónimos o producto alimentario o producto alimenticio, algo que tendríamos que considerar como error de cierta gravedad. De hecho, tan sólo el sintagma nominal producto alimenticio alude a alimento como artículo de consumo, algo que se puede comer o consumir. Por su parte, el concepto producto alimentario, tal y como es entendido por el ya referido C.A.E., se refiere a todas aquellas materias no nocivas que, sin poseer valor nutritivo, puedan ser utilizadas para la alimentación humana o animal. Esta distinción nos permite que, en una interpretación muy amplia, en ese último concepto de producto alimentario podamos incluir a los aditivos y a los desinfectantes, y también a los envases, a los embalajes o, incluso, a la maquinaria de procesado, a los vehículos de transporte o a los utensilios empleados en las industrias o en los establecimientos alimentarios. En tal sentido, en la definición de producto alimentario tiene cabida todo aquello que el Código Alimentario Español entiende por útiles o utensilios alimentarios, caso de los vehículos de transporte, las máquinas, los utillajes, los recipientes, los envases, los embalajes, las etiquetas y los precintos utilizados en los procesos de elaboración, conservación, transporte, rotulación, precintado y exposición de los alimentos o de los productos alimenticios, ya sean industriales, ya de uso y consumo domésticos.
Llegados a este punto, parecería oportuno que nos acercásemos a los orígenes etimológicos de las palabras que nos atañen. Ambas, como es presumible suponer, proceden del vocablo alimento que procede a su vez del término latino alimentum, que a su vez deriva del verbo también latino alĕre, cuyo significado es “alimentar”. Esta palabra ha llegado hasta nuestros días, tal y como nos la define la Real Academia Española (R.A.E.), con dos significados, el de “conjunto de cosas que el hombre y los animales comen o beben para subsistir” (lo de hombre nos parece políticamente incorrecto; es mejor emplear el concepto “ser humano” por cuanto incluye tanto al hombre como a la mujer) y, también, el de “cada una de las sustancias que un ser vivo toma o recibe para su nutrición”.
De esta palabra deriva el adjetivo alimentario, ria (con origen en el vocablo latino alimentarĭus) que también posee dos acepciones o significados; una, la de “perteneciente o relativo a la alimentación”, como cuando se dice “industria alimentaria”, y otra, la de “propio de la alimentación”. Con este adjetivo se forman unidades sintagmáticas como “cadena alimentaria”, es decir, la “sucesión de relaciones entre los organismos vivos que se nutren unos de otros en un orden determinado”. Este adjetivo está formado gracias al sufijo –ario, ria (con origen latino, -arĭus), que indica, entre otras cosas, una relación con el sustantivo del que deriva. Ejemplos de ello podrían ser los vocablos bancario, embrionario, estatutario.
La otra palabra que también nos ocupa, y que igualmente procede de alimento, es el adjetivo alimenticio, cia. En esta ocasión, la R.A.E. nos la define asimismo con dos acepciones concretas: “que alimenta o tiene la propiedad de alimentar” y “perteneciente o relativo a los alimentos o a la alimentación”. Fruto de su empleo obtenemos algunos sintagmas tan significativos que tienen entrada propia en el Diccionario de la Lengua Española. Es el caso de “bolo alimenticio” (“alimento masticado e insalivado que de una vez se deglute”) o el de “pensión alimenticia” (aplicada en derecho para definir la “prestación debida entre parientes próximos cuando quien la recibe no tiene la posibilidad de subvenir a sus necesidades”, que así dicho parece algo muy complicado de entender pero que simplemente se trata de que alguien ayude, por propia voluntad u obligado por sentencia judicial, a un familiar). Como sucedía con alimentario, alimenticio parte de una raíz léxica muy concreta, aliment-, a la que se le ha añadido el sufijo -icio, cia (procedente del latín, -itĭus o -icĭus), que suele aparecer en aquellos adjetivos a los que se les quiere dar un sentido de “perteneciente a” o “relacionado con”. Ejemplos, además del susodicho alimenticio, pueden ser cardenalicio o catedralicio.
Y todo este largo camino que hemos recorrido, simplemente para que cuando oigamos o tengamos que escribir alimentario o alimenticio sepamos que no significan lo mismo, que existen diferencias entre ambos, aunque los dos vocablos sean adjetivos. Podríamos haber resumido mucho más para llegar al mismo punto pero posiblemente no hubiese quedado igual de claro y tampoco hubiésemos aprendido cosas nuevas, aunque estas sean sobre el lenguaje, que al final pueden terminar enriqueciéndonos.
El objetivo de este artículo ya quedó patente al inicio del mismo por lo que espero que, ahora que está concluyendo, pueda decir con cierto orgullo aquello de “objetivo cumplido”. Y para asentar lo aprendido (o aprehendido, verbos que son sinónimos), dos frases clarificadoras en una sola: Mientras que la producción es alimentaria, el producto siempre es alimenticio.
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